De la serie portátiles 2008

Rincón para llorar

rincon_para_llorar.jpg

El territorio es en primer lugar la distancia crítica entre dos seres de la misma
especie: marca sus distancias. Lo mío es sobre todo mi distancia, sólo poseo
distancias. No quiero que me toquen, gruño si entran en mi territorio, coloco
pancartas.
Gilles Deleuze, Félix Guattari.

Lo mejor para cuando llega la tristeza es llorar, llorar y llorar; cuando uno menos se da cuenta ya se ha ido. Es curioso, pero parece que es el único remedio para esa dolencia, si no se llora las personas se acausatan.

ACAUSATARSE: Enfermarse de tristeza.

Mi mamá cuenta que cuando era muy pequeña dormía junto a mi bisabuela Rosa y un día ella murió: “sin saber me acosté a su lado y cuando desperté ella ya no estaba y nunca más estuvo. Me acausaté y esa vez al parecer no lloré. Me llevaron donde uncurandero para que me curara”.

No me gusta llorar en público, generalmente busco rincones para hacerlo. Pero la primera vez que busqué un rincón tenía como 6 años, y no fue para llorar sino para esconderme. Fue una tarde en la escuela, después de haber buscado en un gran potrero el zapato de uno de mis compañeritos de salón, que yo había lanzado con toda mi fuerza tratando de superar la distancia de los lanzamientos anteriores. Lo buscamos intensamente y nada.
Me escondí debajo del escritorio azul de la profesora, la escuela estaba sola y me sentía a salvo, hasta que el niño medio descalzo se asomó acompañado por su madre, quien me dijo que tenía que pagarle.

A veces cuando es necesario prefiero esconderme en un rincón especial. No siempre lloro. De vez en cuando camino por ahí de un lado a otro, sin preocuparme por mi presencia, por mi rostro de tristeza, porque es como si estuviera metida dentro de mí misma.

Este es un viaje que se debe hacer solo, hacia un lugar privilegiado al cual nadie más tiene acceso.