La obra parte de un elemento sencillo, un ringlete, juguete de viento que decido sembrar en el paisaje como si fuera una flor. Para esta intervención se utilizaron 400 ringletes que transformaron el paisaje, desde el punto de vista pictórico y desde lo sonoro.

El paisaje es un tema que he abordado desde hace un tiempo atrás, partiendo del sentido romántico y retomando la noción de lo bello en el arte. Mi reflexión sobre el paisaje se remite a la contemplación y a problematizar la noción misma del lugar como un reconocimiento de afectos y elementos sensibles que transforman el espacio. De esta forma, pongo en evidencia que es la presencia de un sentimiento la que hace posible la existencia del paisaje.

En la obra el tiempo es un elemento fundamental, puesto que ha estado desde siempre implícito en la pintura, pero que no tiene una presencia cierta, es por esto que decido trabajar con el video, con planos fijos y extensos, dando cuenta del transcurrir lento del tiempo.

La obra se expone con un video proyector sobre una pared, de tal forma que la imagen cubra una gran parte del espacio y que el sonido este presente en todo el lugar.